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Una lagrima que hace llover Historia :D

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Mooninlove

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PostPosted: Sat Nov 10, 2007 9:51 am


CAPÍTULO1
El pueblo maldito


Todo comenzó por ese pueblo, ese maldito lugar inundado que solo me trae tristezas al pensar que alguna vez viví allí, con mi familia ya muerta. Mi corazón no está tan desgraciado, era tan pequeña, tan pequeña cuando ocurrió todo, apenas recuerdo su mirada era triste, eso lo recuerdo bien. Ella decía que yo tenía que irme, me iría con mi abuelos, padres de mi padre eso lo recuerdo. Era una mañana hermosa, mi madre estaba sentada en mi cama empacando mis cosas, me iría lejos, lejos a una ciudad. Mi madre decía que solo era una visita pero su mirada decía lo contrario. Terminó de empacar mis cosas, eran muchas, muchas a pesar de que ella decía que solo era una corta visita, muchas cosas solo para la semana que se suponía pasaría allá. Mi padre se había ido de pesca y volvería en la noche, no me gustaba irme sin recibirlo en la noche, quería verlo y despedirme pero mi mamá me dijo que no sería posible. Mi tía esperaba fuera de la casa, me esperaba con una gran sonrisa. Mi madre le dio mis maletas y ella las subió al auto, preguntando la razón del por que de tantas cosas. Mi madre me dio un beso y me subió al auto, y luego se dirigió a mi tía y le dijo que siempre había que estar preparados para todo. Esas palabras fueron las últimas que escuche de su boca. El auto se iba alejando mientras yo me despedía de mi madre con la mano y veía el brillar sus alas. Si, sus alas, como las pude haber olvidado, eran hermosas y yo deseaba que algún día mis alas fuesen como aquellas.
Fueron largas horas de viaje, hasta que vislumbramos un edificio alto y magistral. Conducimos por la ciudad hasta llegar a una hermosa casa que estaba a las afueras de la ciudad en la parte norte, fue un largo paseo debido a que habíamos llegado del lado sur. Mis abuelos esperaban afuera, y cuado me acerque a ellos solo me ignoraron, a ellos no les agradaba mi madre, decían que su alrededor pasaban cosas raras, claro que pasaban cosas raras pero ellos eran solo humanos y no podían ver aquellas alas que yo veía, me despedí de mi tía que iba a su departamento que estaba en el gran edificio que había visto al principio. Entré a la casa después de un intento fallido de saludar a mis abuelos, una señorita con traje de moza cargó mis maletas y me llevó a una linda habitación, dejó mis maletas sobre la cama y luego me dejó sola. Yo tenía sueño, había sido un largo viaje, bueno, por lo menos había hablado mucho con mi tía, aquella era mi tía preferida a quien quería mucho. Me quedé dormida y estaba tan cansada que me levante un poco tarde a la mañana siguiente. Me puse uno de mis vestidos favoritos y luego adorne mi cuello con un hermoso collar que había pertenecido a mi madre, ese collar es tan hermoso que tenía mucho cuidado para no estropearlo. Bajé las escaleras y me encontré con mi tía y me sorprendió ver que estaba llorando. Me agarró de la mano y me llevó al gran salón en donde estaban mis abuelo quienes me dieron un gran abrazó, me extrañaba su forma de comportarse. Me sentaron en frente a un radio, una antigüedad a mi parecer y lo encendieron en una trasmisora. Ojala no hubiese oído aquellas palabras. Una inundación, muertos, ningún sobreviviente, todo esto en el pueblo Ímpero. Salí corriendo a mi cuarto gritando que mis padres no podían haber muerto, me tiré en mi cama y lloré, lloré tanto que quedé agotada. Pasaron los días y escuchaba con atención la radio. Perdí la esperanza el sexto día y me propuse olvidarlo, y por supuesto que lo olvidé, olvidé todo, todo conforme pasaban los años, hasta olvidé mi secreto más placentero, olvide que mi madre tenía alas. Crecí, crecí hasta que ya mi cuerpo no lo hizo más, y pasaron los años hasta que me convertí en adulta de veintidós. Trabajaba en un molesto proyecto de agronomía, no podía soportarlo ya, tenía que regresar, regresar al campo donde alguna vez fui feliz. Me despedí de mis abuelos y de mi tía y partí hacia un pueblo que yo conocía de pequeña, era un pueblo cercano al que había sido mi hogar.

CAPÍTULO 2
¿Cómo pude olvidarlo?


_Señorita Luna, señorita Luna - Alguien me llamaba, abrí los ojos que se toparon con unos ojos cafés. Era Gerard, un chico con el que había platica durante las primeras horas del viaje en el tren. El tren se había detenido, aquella era mi parada, así que agarré mi bolso de mano y me baje, Gerard también bajo, el tenía que tomar el tren a Priston desde aquella estación. Abrieron el enorme maletero del tren y un mozo bajo las maletas una por una. Vi. las mías, estaban junto a las de Gerard. Gerard tomó las suyas que eran dos, y luego trato de levantar la mías para pasármelas - Están muy pesadas, ¿estás segura de que puedes sola?- Me preguntó Gerard y yo asentí. El dejó sus maletas en el suelo y me pasó la primera de las mías con mucho esfuerzo y la dejó a mi lado y luego tomo la otra y la dejo a mi otro lado. Tomó las suyas y se despidió de mí, mientras se marchaba hacia el otro lado de la estación en donde se encontraba su tren. Yo me agache y sin el mínimo esfuerzo tomé mis maletas, por alguna razón desde pequeña era muy fuerte, más que su padre, más que su tía, más que toda su familia. Aquella era la razón de que casi siempre estuviera castigada, antes no podía controlar mi fuerza. Tantos niños habían salido lastimados por mis manos. Gerard voltio la cabeza y me vio marchar y oí unas últimas palabras de su boca "no puede ser". Se porque dijo esas palabras, de seguro creyó que era un monstruo, pero yo no preste atención. Salí de la estación y caminé hacia el este, en donde se encontraba aquel pueblo que sería mi hogar. Me detuve, una lagrima se deslizo por mi mejilla, había llegado a Ímpero, bueno, lo que quedaba de el. Todo estaba bajo las aguas y ni siquiera la alta torre de la iglesia se veía. Caminé, caminé un poco entristecida. Un trueno y luego un rayo, llovía, llovía con mucha fuerza. Siempre me pasaba, cuando estaba triste llovía, pero solo tenía que pensar que no quería lluvia y esta paraba, era extraño, como es que yo podía detener la lluvia? o tal vez solo era una coincidencia. Pero esta vez no lo pensé, quería que lloviera, quería oír al agua correr, quería sentirme acompañada por el trueno y el relámpago. El clima empeoró, pero a mi me agradaba. Caminé mientras las gotas de lluvia tocaban mi rostro y humedecían mi ropa. Estaba cansada, solo faltaba poco. Me senté en una gran roca a descansar mientras la lluvia seguía mojándome, miré al cielo, las nubes grises poco a poco iban oscureciéndose. Deje que la lluvia me mojara más y más, El sonido de la lluvia no dejó que oyera los pasos que se dirigían hacia mí. Cubrí mis maletas con un impermeable y deje que la lluvia me tocara. Algo hizo presión sobre mi hombro, miré hacia atrás, era una persona cubierta por una gruesa capa que lo cubría de la lluvia. Su mano tocaba mi hombro. Yo me levanté y lo miré, me sentía extraña al observarlo, como si sintiera una poderosa presencia. El bajó la capucha de su capa lentamente, era un chico, un chico rubio un poco extraño, la lluvia mojo su cabello y siguió mojando el mío que era tan oscuro que no se notaba si estaba mojado o seco. El chico se volvió a cubrir con su capa, me miró por última vez y se marchó en dirección al pueblo, al mismo pueblo al que yo iba. Me volví a sentar en la roca y sentía como iba desapareciendo la poderosa presencia conforme el se iba. Pasó un tiempo y la lluvia seguía y seguía. Había un rosal a mi lado, así que tomé una rosa y la deshojé poco a poco, pero el daño que le hice me lo cobró con la sangre que derramé al pincharme los dedos con sus espinas. Me levanté y limpié mis dedos con el agua de la lluvia que seguía cayendo. Tomé mis maletas y luego me dirigí hacia el pueblo, miré hacia atrás y observe el agua que cubría mi pueblo, se veía aún desde tan lejos. Caminé, caminé con la lluvia como compañía, hasta que llegué al pueblo, al pueblo que ahora sería mi hogar. Y divisé la torre de la iglesia.
PostPosted: Sat Nov 10, 2007 10:33 am



CAPITULO 3
¿Por que todos me miran así?


La lluvia seguía. Parecía que con cada paso que daba las nubes me seguían para traer la lluvia sobre mí. Caminé hasta la gran plaza, era el único lugar que conocía de aquel, era el único lugar que había visitado, lo recuerdo bien, de hecho es una de las pocas cosas que recuerdo. Mis padres me trajeron a este lugar a una gran celebración que se hacía cada año en este pueblo, la cual atraía a cientos de viajeros. Recuerdo que en el centro de aquella plaza había un gran escenario y sobre el bailaban unos jóvenes. Se acabó aquel baile y luego llegaron unos niños, como de mi edad y empezaron a bailar. Me acuerdo de que un chico estaba en el medio, parecía que era el mejor y no me equivocaba.
Las frías gotas de lluvia me hicieron volver de aquel pensamiento, de aquel recuerdo, uno de los que más apreciaba. De repente sentí un ardor en mis manos. Dejé las maletas en el suelo. Miré mis manos, estaban sangrando, ¿cómo no me había dado cuenta de ello?. La lluvia seguía ya estaba claro para mí que algo raro pasaba, esa lluvia era tan extraña y por desgracia esto no trajo buena suerte para mí. Miré a mi alrededor, había gente, estaban asustados, ¿pero de qué?. Luego me di cuenta. Solo llovía sobre mí, era como si las nubes hubiesen formado un círculo sobre mí, traté de salir del círculo, pero este me seguía.
_¡No quiero más lluvia, para, no más lluvia! - Grité y la gente se asustó y para mi desgracia si funcionó. La lluvia se detuvo, y solo se escuchaba el goteo de mi sangre, la sangre que caía de mis manos. Sentía un poco de dolor, no debí haber expuesto mis manos tanto tiempo a la lluvia. Oí pasos, alguien se acercaba a mí por detrás y tomó mi mano con cuidado. Era una chica, me sonreía mientras vendaba mis manos. La gente se me acercó, ya no parecían asustados, pero eran precavidos. La chica terminó de vendarme las manos y tomó con mucha dificultad una de mis maletas. Pidió ayuda, pero nadie quería tomar mis cosas, como si estas estuvieran malditas. De repente la multitud dejó paso a una persona, era aquel chico extraño con el que me había encontrado y parecía que la gente tenía el mismo pensamiento sobre este chico del que tenían sobre mí. La gente se apartaba rápido de el para, ni siquiera ser rozados por su persona. El chico llegó a mi lado y tomó la otra maleta con gran facilidad como la que yo tenía y luego caminó por el espacio que había dejado entre la multitud, la chica lo siguió con dificultad por el peso de la maleta, yo estaba como paralizada. El chico se detuvo y miró hacia atrás y cuando sus ojos chocaron con los míos volví a sentir aquella poderosa presencia.
_¿Te quedará o nos seguirás? - Dijo el chico en un tono de voz poco audible. Yo empecé a caminar - Bien - Dijo el chico y sonrió.
Caminé rápido y alcancé a la chica.
_Te sientes mejor - Dijo la chica y yo asentí - Que bueno
_¿Y dime a donde te hospedarás? - Dijo una voz amable y me di cuenta que era aquel chico aunque su actitud era diferente.
_Yo, yo, yo alquilé una casa por el río Wami - Dije y ellos sonrieron
_Tu debes ser Luna ¿no? - Preguntó la chica y yo asentí - Yo me llamo Isabel y este chico es Marte - Yo miré a Marte y esté miró hacia otro lado - No le hagas caso, lo que pasa es que es un poco tímido con los extraños
_¿Y cómo conoces mi nombre? - Pregunté y ella hizo como si tuviera un teléfono al lado de su oreja
_Aló, si está, si tenemos una casa libre, claro, ¿cuál es su nombre?, ¿Luna Domine?, si, la estaremos esperando - Concluyó ella y me quedé atónita y luego fue como si alguien me hiciera cosquillas y empecé a reírme.
_Eres, graciosa - Dije
_Si, creo que sí, aunque algunos no tengan sentido del humor - Dijo y miró a Marte. Este se dio cuenta y su cara expreso molestia aunque no dijo ni una sola palabra.
Caminamos unos 10 minutos hasta que llegamos a un río, el río Wami. Pasamos por varias casas hasta que llegamos a la más lejana.
_Bienvenida y espero que disfrutes tu estancia - Dijo ella - y dime ¿cuánto tiempo te piensas quedar?
_Bueno, me quedaré aquí hasta que encuentre un lugar donde vivir - Dije.
Isabel sonrió y luego le dijo algo a Marte algo parecido a que había una nueva. Isabel me entregó unas llaves y me llevó dentro de aquella casa, era pequeña pero cómoda. Tenía una sala, una habitación y un baño Era suficiente para mí.
_¿Ya tienes empleo? - Yo negué con la cabeza - ¿Cómo piensas entonces pagarle a mi padre esta hermosa casa? - Yo sabía que podía pagar esa casa sin ningún problema, después de todo mi familia era rica, pero no quería parecer vaga así q dije q no – Entonces esta decidido, trabajaras como asistente de Marte
_¿Cómo que está decidido? - Dijo Marte un poco molesto
_¿No decías que necesitabas un asistente?
_Pero… - El me miró como esperando a que yo me negara, pero yo quería vivir en aquel pueblo normalmente, que equivocada estaba - Isabel, yo te dije que tenía que ser alguien muy confiable
_Ella se ve confiable, como para guardar tu tonto secreto.
A Marte de repente le sucedió algo, dejó mi maleta en el suelo y miró con ojos asustados a Isabel. Y luego salió por la puerta
_Espera Marte, lo siento - Dijo Isabel y salió corriendo tras el. Yo me quedé sola, ya se estaba haciendo de noche. Me acosté en la cama y miré mis manos con la luz de la Luna. Y luego me quedé dormida. Ese día habían pasado con tantas cosas extrañas, tantas. La lluvia que me seguía, la presencia de aquel poder, la mirada de los aldeanos, esos extraños chicos y su extraño comportamiento. Ahora sería difícil convencer a la gente que yo no era una especie de monstruo, ¿pero cómo?, habían pasado tantas cosas extrañas a mi alrededor que estaba empezando a pensar que yo las provocaba.


CAPÍTULO 4
Ese extraño chico y su extraña amiga


Esa noche la pasé mal, mi mano empeoro, no sabía que ocurría, tal vez esas rosas tenían una especie de veneno o algo parecido. Pero no sentía dolor, era extraño ver mis manos sangrar sin sentir nada. Tenía miedo, me sentía mareada y estaba pálida. No podía creer que una simple rosa podría sacarme tanta sangre. No aguante mas y me quedé dormida a pesar del miedo que sentía por dormir. Pasaron las horas y me sentía más y más débil. Oí una voz, era la voz de una chica.
_Solo llegué a la cabaña y note que la puerta estaba abierta, así que entré y la encontré así - Dijo aquella voz. Y luego oí otra voz, pero de chico.
_Pero que piensas que puedo hacer yo?
_Sánala, haz algo, se ve muy mal y tú no la ayudas por tu absurdo temor a que descubran tu secreto.
_Silencio - dijo el chico. Yo abrí lentamente los ojos pero estaba débil y no pude sino cerrarlos de nuevo. Dejé de escuchar las voces y me quedé dormida. Abrí mis ojos y vi a Isabel sentada en mi cama mientras me quitaba los vendajes. Me sentía mejor, así que cuando terminó su labor me senté en la cama.
_Te sientes mejor? - Dijo la chica y yo asentí - Qué bien, oíste Marte? - Dijo Isabel, y Marte, que estaba en la puerta levantó el pulgar para afirmar.
Ya no me sentía débil y mis manos... mis manos estaban completamente sanas sin ningún tipo de herida.
_¿Cuánto tiempo he estado dormida?
_Creo que solo unas diez horas.
_No... No puede ser - Dije y les enseñé mis manos - Mis manos están como si no hubieran tocado la rosa, como puede ser?
_eh... La magia de la medicina? - Dijo Isabel un poco asustada pero yo no le creí, esto parecía una obra de magia pero como podía ser posible aquello. Marte se acercó a mi cama con algo oculto detrás de sí. Y luego puso aquello en mi cama. Era una caja con agujeros por todas partes.
_Un regalo de bienvenida.
_Gracias Marte.
_Por favor agrádeselo a Isabel, fue su idea - Isabel sonrió y me señaló la caja para que yo la abriera.
Destapé la caja y miré el contenido. Lo tomé y lo saqué con cuidado, era un perrito. Sonreí pero luego me sonroje. Le di el perrito a Isabel y empecé a estornudar.
_Eres alérgica?
_Si a todo tipo de perros.
_Pero no a este - Dijo Marte quién tomo al perrito y lo acarició. Hubiese jurado que sentí aquella presencia del día anterior cuando tomó al perrito. Luego me lo dio y yo lo tomé con cuidado. El perrito me lamió la cara, era extraño, no estornudaba y por primera vez sentí mucha ternura hacia un perro, la cual nunca había sentido por mis alergias. Abracé al cachorro y luego me pasó algo por la mente, como había sucedido aquello, todo aquello. Mis manos y ahora esto. Miré a Marte con extrañeza y el se apartó de mi vista. Todas esas cosas extrañas tenían una explicación lógica, pero aún no la encontraba y estaba empezando a creer en la tontería de que Marte lo había hecho. Isabel se dio cuenta de que estaba mirando de un modo extraño a Marte así que habló.
_Bueno Luna, ya es casi mediodía, que tal si vienes con nosotros y te enseñamos el pueblo?
_Claro - dije yo y me fui al baño a asearme y cambiarme mientras Luna y Marte me esperaban en la sala.
_Lista? - Me dijo Isabel cuando salí del baño ya vestida y yo asentí con la cabeza. Tomé a mi nuevo perrito y me fui con ellos al pueblo.
_Antes tienes que saber una cosa - Dijo Isabel
_Si andas con nosotros, todos te consideraran una demente - Dijo Marte en tono cortante
_Marte!, ya deja de decir esas cosas, así es como espantas a todos nuestros amigos nuevos - Isabel estaba molesta- No le hagas caso
_No me importa, ustedes fueron los que me ayudaron ayer y lo que diga el pueblo acerca de ustedes no me importa - Isabel y Marte sonrieron
_Vez Marte, ella es confiable - Dijo Isabel con una sonrisa pícara
_No - Dijo Marte e Isabel pareció molesta de nuevo
Llegamos al pueblo y como Marte había dicho todos nos miraban como locos.
_Pero porque nos miran así?
_Suceden cosas al rededor de Marte, cosas raras y como andamos con el, ellos creen que somos raras también. Además también pasan cosas extrañas a tu alrededor. Eso de la lluvia si que fue raro - Dijo y yo me sonroje - Pero no te preocupes es solo una cosa rara que todos olvidaran fácilmente.
Me mostraron el pueblo, la plaza, la iglesia, todo en aquel pueblo era agradable, menos las personas que nos miraban como monstruos.
Me preguntaba si algún día me iban a mirar de otro modo que no fuera aquel. De repente chocamos con un hombre bajito.
_Alcalde, hola como esta? - Preguntó Isabel
_Muy bien - Dijo aquel hombre que nos miraba como personas y no como extrañezas.
_Marte. Necesito que le digas a tu abuelo que debe estar lista en día del festival.
_Si señor
_¿Qué tenemos aquí?. Una nueva?. Que bien, que bien, bienvenida - Dijo aquel hombre que acarició al cachorro y miró su reloj - Bueno ya es tarde y debo irme, adiós jóvenes
_Adiós - Dijimos al unísono
Terminamos el recorrido por aquel pueblo y luego me acompañaron hasta mi casa, me despedí de ellos y entre a mi cabaña. Dejé a mi perrito en el suelo, como iba a nombrarlo?. Se me ocurrió un nombre, su nombre sería Moon, como mi madre.
Ese pueblo no era lo que yo esperaba, solo llevaba dos días aquí y ya tenía una mala reputación.

Mooninlove

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